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| Escena
de la película «El Exorcista», de W. Friedkin (1974). El éxito
de esta película demostró la sensibilización del público ante
estos fenómenos. |
Es significativo que casi todos
los pueblos hayan creído en la existencia de seres superiores malignos
que podían adueñarse de ciertos lugares, o incluso de personas, para
causar trastornos a la humanidad. Tenemos abundantes testimonios de este
fenómeno, que se caracteriza por manifestaciones horripilantes: voces
huecas que parecen surgir del cuerpo del «poseso», muebles que se
desplazan, contorsiones inverosímiles... No es sorprendente, pues, que
todas las culturas hayan buscado una explicación para este fenómeno y
una manera de ponerle fin.
Los antiguos egipcios practicaron ritos para protegerse de las potencias
amenazadoras que podían salirles al paso en este o en el otro mundo; en
su religión los conjuros mágicos de carácter oral se complementaban
con rituales consistentes en herir, partir o seccionar una representación
del ser temido. En Sumer, Asiria y Babilonia aparece también una amplia
demonología acompañada de ritos paralelos para protegerse de la acción
de entes maléficos; uno de los procedimientos más generalizados era el
de hacer pasar mágicamente el espíritu a un vaso u otro objeto, que
luego se echaba al fuego o se rompía. Asimismo, algunas prácticas típicas
de religiones animistas muy primitivas, por ejemplo, la reducción de
cabezas entre los jívaros, constituyen también formas de exorcismo
destinadas a capitalizar ciertas influencias espirituales.
La universalidad de estos rituales y su permanencia a través del tiempo
no puede por menos que hacernos reflexionar sobre la naturaleza del fenómeno
que los motiva. Las religiones, por otra parte, ya han dado su propia
interpretación y han actuado en consecuencia.
Exorcistas E Iglesia
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| En
la Edad Media toda posesión se consideraba como una manifestación
física del demonio, contra la cual se empleaba incluso agua
hirviendo. |
Según una de las máximas
autoridades en la materia, el sacerdote católico Corrado Balducci,
miembro de la congregación De propaganda fide y especialista en
problemas de posesión diabólica, sólo resulta verdadero uno de cada
mil casos de los que se hace cargo la Iglesia católica.
No obstante, reconoce haber presenciado casos en que los posesos «emitían
gritos que no eran humanos, vomitaban objetos y animales que nunca habían
tragado, demostraban una fuerza que ni diez personas lograban contener.
Volaban por la habitación. Aumentaban de repente hasta ocho veces de
peso. Rugían como energúmenos cuando se les acercaba algún símbolo
sagrado». Balducci es consultor habitual, en este terreno, de los
obispos, en quienes recae actualmente la responsabilidad de autorizar
los exorcismos, debidamente asesorados por personas de quienes se espera
la máxima solvencia en psicología y parapsicología.
La Iglesia católica ha sido la institución que con mayor intensidad se
ha dedicado a ayudar a los posesos y a perfeccionar las fórmulas de
exorcismo destinadas a este fin. Jesucristo mismo fue el primero
que dio «órdenes» precisas al demonio para que desalojara los cuerpos
de algunos posesos de su época. Desde entonces, el principio del
exorcismo ha variado poco: el exorcista tiene que dirigirse al demonio
que «vive» en la víctima, y ordenarle, en el nombre de Dios,
que se marche de allí. Si el espíritu ocupante se niega y los efectos
de la posesión empeoran, entran en juego el empleo de símbolos
sagrados y la propia personalidad del exorcista, que suele ser muy
fuerte y proclive a la espiritualidad. La fórmula de exorcismo más
habitual utilizada por la Iglesia católica romana se remonta a 1614, y
está contenida en el Rituale romanum:
«Exorciso te, immundissime spiritus, omnis incursio adversarii, omne
phantasma, omnis legio, in nomine Domini nostri Jesu Christi. Eradicare
et effugare ab hoc plasmata Dei. Ipse tibi imperat, qui te de supernis
coelorum in inferiora terrae demermergi praecipit. »
He aquí la traducción aproximada: «Yo te exorcizo, espíritu
inmundo, toda incursión del adversario, todo espectro, toda legión, en
el nombre de Nuestro Señor Jesucristo. Despréndete y huye de esta
criatura de Dios. Te lo ordena aquel que te hizo precipitar desde lo
alto de los cielos a las profundidades de la tierra.»
La Iglesia católica no es la única institución religiosa oficial que
se ha preocupado por estos fenómenos: algunas Iglesias protestantes,
especialmente la anglicana, poseen asimismo una larga tradición en este
campo. Pero además, por su naturaleza misteriosa, otros ritos parecidos
se han ido transmitiendo desde la antigüedad, muchas veces por canales
poco ortodoxos, al margen de las religiones « oficiales» . En Galicia,
por ejemplo, estas creencias han subsistido, a nivel popular, en las
ceremonias llevadas a cabo por los «menciñeiros», personajes a medio
camino entre el brujo y el exorcista.
Los Posesos, Hoy
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| Un
exorcismo en la iglesia de San Vicino, en Sarsina (Italia). El
collar de hierro es una reliquia del santo, que lo llevó al cuello
como penitencia. |
Los casos de posibles posesiones diabólicas son cada
vez más numerosos, debido quizás al aumento del stress y al creciente
consumo de calmantes y antidepresivos. Pero aunque esto explica algunos
de los casos, hay fenómenos que ningún trastorno emocional puede
justificar. Además, la frecuencia con que aparecen hace que estos fenómenos
sean cada vez más objeto de divulgación, a lo que ha contribuido
particularmente el cine con una serie de producciones centradas en estos
temas (El exorcista, Carrie, etc.)
Lo que resulta realmente alarmante es que muchas personas incompetentes
o con intenciones abiertamente fraudulentas hayan adquirido el estatuto
de «exorcistas». De ahí que en los últimos años se haya producido más
de un caso de desenlace trágico: en 1975 la joven alemana Annaliese
Michel murió a consecuencia de trastornos circulatorios, rodeada de
extraños rituales de exorcismo; sus padres y dos sacerdotes implicados
en los hechos fueron juzgados y condenados por homicidio por
negligencia. En Gran Bretaña se registraron, entre 1977 y 1979, varías
intervenciones erróneas que acabaron con internamientos hospitalarios,
Asimismo, en 1981 ha estallado en Italia un grave escándalo en torno al
ex salesiano Domenico Bernardini, fundador de un centro donde,
con permiso episcopal, exorcizaba a jóvenes mujeres mentalmente
inestables, que se sentían endemoniadas por sugestión, y a las que
aplicaba una serie de violentas prácticas mágicas.
Estos y otros casos parecidos sugieren una de las problemáticas más
delicadas del fenómeno de la posesión. ¿Qué clase de «posesos»
deben someterse a un exorcismo en toda regla y cuáles a un tratamiento
médico o psiquiátrico? En el mundo de hoy encontramos numerosas, o
presuntas, víctimas de espíritus, demonios o poltergeists -como
queramos llamarles-; pocos tienen idea de la naturaleza del fenómeno
que les aqueja, ni de los riesgos que puedan correr.
Exorcismos Y Espíritus
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| El
neurólogo Jean Martin Charcot, al que vemos en este grabado
impartiendo una lección en su aula del hospital de La Salpêtrière,
consiguió explicar numerosos casos de «posesión» mediante un
diagnóstico de histeria. |
Antiguamente, cualquier fenómeno paranormal recibía
un tratamiento religioso. Entre los casos más célebres figura el
deplorable episodio de «los demonios de Loudun» (1631), a raíz del
cual el sacerdote Urbain Grandier murió en la hoguera, víctima
de los manejos políticos y de las acusaciones de un convento de
ursulinas en estado de posesión. Más famoso aún, si cabe, fue el
largo proceso de las brujas de Salem. Este caso es célebre por haber
sido una de las escasas cazas de brujas que tuvieron lugar en Norteamérica,
donde estas persecuciones no fueron, ni mucho menos, tan frecuentes ni
sangrientas como en el Viejo Mundo. Pero aparte de la popularidad que
les haya proporcionado el teatro, las «posesas» de Salem tienen su
lugar en la historia.
Estos dos ejemplos tienen, curiosamente, algo importante en común:
ambos, una vez aclarados a la luz de la historia, resultaron ser una
combinación de fraude deliberado y de histeria.
Actualmente, sin embargo, no resulta verosímil que se puedan producir
casos como estos, ya que el procedimiento de las posibles posesiones es
muy distinto. Desde el punto de vista estrictamente psicológico, los
fenómenos de posesión se inscriben en el contexto de ciertos
trastornos denominados «de escisión», que permiten la aparición de
sistemas autónomos que logran suplantar la síntesis habitual de la
personalidad: algo así como una grieta por la que asoma el magma de una
región poderosa e insospechada.
Desde la aportación que el doctor Jean Martin Charcot
(1825-1893), fundador de la neuropatología moderna, hizo al estudio de
este tipo de fenómenos, éstos se han venido enmarcando en el cuadro de
la histeria; pero ello no impide que algunos casos desborden todos los
esfuerzos de la medicina. El acompañamiento de fenómenos parapsicológicos
ha contribuido a reforzar el aspecto sobrenatural del asunto, por lo que
muchos médicos, impotentes ante estos hechos, no dudan en remitirlos a
las autoridades religiosas para someterlos a exorcismo.
El problema de decidir sobre la naturaleza de un fenómeno de posesión
no es nuevo, como evidencia el testimonio del polígrafo benedictino
fray Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), quien en su obra Teatro
crítico universal dedicó uno de sus discursos a los «Demoníacos,
endemoniados o energúmenos». Señala allí que muchos de ellos son
fingidos, pero que no por ello deja de haberlos verdaderos (refiere,
entre otros, el caso de una energúmena que fue exorcizada en el
convento de Nuestra Señora de Valvanera, no lejos de Nájera, Logroño).
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| También
la Iglesia anglicana, a la que pertenece este sacerdote en plena
sesión de exorcismo, suele autorizar este tipo de terapéutica
espiritual. |
Por otro lado, en cambio, se permite dudar de la
buena fe o de la sagacidad de los exorcistas que dan por sobrenaturales
fenómenos de embaucamiento. En este sentido, se refiere a cierta posesa
de Oviedo que, al parecer, hablaba latín sin saberlo, que sabía lo que
ocurría en cualquier momento y lugar del mundo, y que saltaba como si
tal cosa sobre la copa del árbol más alto. El exorcista creía
plenamente en estos prodigios, pero Feijoo no dio su brazo a torcer; sólo
veía en ella a una embustera. La hizo conducir a su presencia y le
indicó que poseía conjuros más eficaces que los usados por otros
sacerdotes. Le dirigió versos de Virgilio, Ovidio y otros
poetas «articulados con gesto ponderativo y voz vehemente para que
hiciesen más fuerte impresión, como en efecto la hicieron». Además,
le aplicó una simple llave envuelta en papel diciendo que era una
reliquia. Todo ello provocaba en la presunta endemoniada
estremecimientos y convulsiones. Así descubrió que se trataba de un
fraude.
Sin embargo, Feijoo, al tratar de las excepcionales fuerzas que asisten
al poseso, se expresaba así: «Esto de volar de la calle al techo o del
pavimento a la altura de la bóveda o colocarse sobre las cúpulas de
los árboles, pisar sobre las espigas de las mieses sin doblar las cañas,
se dice de muchos energúmenos cuando se da noticia de ellos en tierras
distantes. Yo nada de estas cosas pude ver hasta ahora. El que lo viere
no ponga en duda en que lo hace agente preternatural.»
La actitud de este erudito benedictino del siglo XVIII, ajena a una
supersticiosa aceptación demonológica, le acerca considerablemente a
la visión actual del problema. Hoy en día, este tipo de fenómenos no
parece hallarse en regresión. En cambio, la práctica del exorcismo
propiamente dicho sí parece abocada a la desaparición a medio o largo
plazo, paralelamente a la disminución de la fe religiosa que se aprecia
en la sociedad. Sin embargo, resulta difícil de creer que el título de
«exorcista» -a pesar de sus siniestras resonancias- pueda desaparecer
por completo: antes bien pasará a aplicarse, como sucede ya
actualmente, a personas que, como ciertos parapsicólogos y otros
expertos, demuestran obtener cada vez mejores resultados en su trato con
lo paranormal.
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